El capitalismo no es la meta de la humanidad
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Viejo 10/sep/05, 19:07
arielviera
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Predeterminado El capitalismo no es la meta de la humanidad

El capitalismo como resultado de la ingobernabilidad

Adam Smith, economista británico y uno de los filósofos más influyentes de la historia moderna considerado fundador del sistema capitalista, formuló que el ser humano posee un impulso natural hacia el trueque y el intercambio de bienes. La premisa de éste carácter mercantil hace concluir que para desarrollar una sociedad capitalista solo hay que dejar “hacer” al hombre (laisser faire, laisser passer), suprimir todas las limitantes y la sociedad evolucionará de forma natural hacia el un modo de producción capitalista o economía de mercado. Dicho proceso ocurriría sin ninguna intervención ni fuerza consciente humana.

Mercado

El mercado es primer regulador de las actividades económicas y se forma a partir de la interacción de los productores y los consumidores. De la forma en que una actividad económica se proyecte hacia el mercado dependerá su éxito y su proyección futura. Las actividades económicas en la etapa del capitalismo premonopolista, eran gestionadas, financiadas y dirigidas por el empresario, individuo que afrontaba el riesgo económico y que por ello tenía derecho a los beneficios que de la operación resultaran (En la actualidad el empresario ha sido sustituido por los conglomerados, las corporaciones y las sociedades económicas). Esto le dio al mercado un carácter dual: de oportunidad y riesgo, todo empresario actual tiene que afrontar esos riesgos en igualdad de condiciones (teóricamente) que sus competidores. El desarrollo de las antiguas sociedades, la religiosidad, la gobernabilidad facilitaban que unos pocos se aprovecharan más fácilmente de grandes multitudes en desiguales condiciones de competencia económica. Las antiguas sociedades contaban con una población escasa en comparación con el mundo actual, sin una cultura de amplios perfiles, sin memoria histórica que les impidiera evaluar correctamente los sistemas económicos bajo los cuales se desarrollaban. Los antiguos dueños de medios de producción podían sortear esos riesgos aplicando fórmulas como las de la esclavitud y la renta feudal, estos métodos eran posibles en un contexto histórico donde aún no había un desarrollo del pensamiento ni de la producción, ahora impensables, eran posible gracias a que no existía una producción lo suficiente rica como para competir de manera productiva. Eran rentables gracias a las limitaciones del comercio y producción impuestas por los gobernantes de entonces.

La excesiva gobernabilidad de aquellas sociedades hizo posible el despotismo y ofreció a unos la posibilidad de sortear los riesgos mercantiles sometiendo a otros. Pero el mercado siempre representó un riesgo, amenazando con subvertir el orden político establecido, formando parte esencial de todas aquellas economías pero controlado como una fiera enjaulada, existía amenazando las estructuras sociales que tenían que ser defendidas constantemente con leyes y aranceles. Un caso citable de lucha por el libre mercado y por desligarse de las ataduras aduanales fue el de las guerras de independencia de los Estados Unidos de América: La lucha no estalló sino hasta que Inglaterra pone en vigor en 1764 la Sugar and Molasses Acts(Actas del azúcar y la melaza), que truncaba el comercio ya establecido entre las colonias inglesas y las antillas españolas y francesas. Fue entonces que la pujante sociedad mercantil norteamericana comienza su lucha por el libre mercado, lucha comúnmente conocida como “Guerra por la Independencia”. Ya lo diría John Adams, segundo presidente de los Estados Unidos: “Deberíamos sonrojarnos al confesar que la melaza fue un ingrediente esencial en la independencia de América[léase Estados Unidos]”(Extraído originalmente de Hugh Thomas: Cuba: the pursuit of freedom, Harper & Row, New York 1971, pág. 66-67. ).

Ingobernabilidad

El incremento demográfico de los poblados y ciudades ha ocasionado que sea cada vez menor la gobernabilidad de la sociedad actual. La mayor cantidad de individuos provoca una mayor heterogeneidad en las opiniones políticas, ocasionando una gran fragmentación social y política. Se han buscado fórmulas para lograr el consenso en la e impedir la dispersión de la sociedad hacia la anarquía, y se han encontrado gracias en parte a que todavía está muy arraigada la idea de los estados nacionales, último bastión de las sociedades organizadas. En el siglo XIX el despotismo de los monarcas cedió ante el avance del desarrollo de las fuerzas productivas, dando paso a los estados parlamentarios y democráticos actuales. Los estados no podían ya ser gobernados, debido a su ya heterogeneidad de forma absoluta y despótica. Aparejado a esto se vino la derogación paulatina o radical del conjunto de regulaciones que año tras año impidieron el adecuado desarrollo del mercado como fuerza objetiva e inconsciente del desarrollo de la sociedad.

El capitalismo como sistema no es el resultado de la evolución de los sistemas económicos a través de la historia, es más bien el resultado natural de la lucha por la emancipación del hombre como individuo. Su esencia se basa en el mercado libre y la libre empresa, y su componente principal, el mercado “en sí”, tiene sus orígenes en el trueque y la acumulación y ha formado parte de la ideología de las sociedades humanas desde sus más remotos orígenes.

El inicio de la historia

La sociedad actual es básicamente más justa que las anteriores, los que la habitan ya no pertenecen a castas hereditarias, existen la igualdad política, la democracia. Pero aceptar la sociedad como se nos presenta actualmente es no apostar por un conjunto de relaciones humanas y no mercantiles. La defensa de éste sistema es por tanto la defensa de la inacción del hombre por moldear sus relaciones de forma que se pueda construir una sociedad más justa para todos. El liberalismo capitalista es actualmente, la expresión de al anarquía original, estado natural primario y casi animal, siempre presente a través de toda la historia pero incapaz de formar una sociedad donde el bienestar común sea el fin de nuestros esfuerzos. Adam Smith decía que la búsqueda de la ganancia personal, el desarrollo de la propiedad, el comercio y la competencia podía llevar a los productores “gracias a una mano invisible” al desarrollo de la sociedad. El hombre no tendría que preocuparse más por el hombre sino por si mismo y ese sería el camino a seguir para lograr el bien común. Para construir una sociedad verdaderamente humana no es suficiente la libertad. Ya lo decía Félix Varela, el pensador cubano del siglo XIX cuado establecía entre los tres principios fundamentales de la acción política el de “preferir el bien común al bien individual”.

Un sistema dónde el objeto de nuestros esfuerzos sea el bien personal y donde el efecto secundario sea el desarrollo de la sociedad se asemeja al inicio más remoto de la historia de la humanidad, donde no existía la sociedad sino el individuo.

Ariel Viera Díaz
jueves, 08 de septiembre de 2005
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